viernes, 4 de noviembre de 2011

ENCAUZANDO VENENO: Capitulo 2 - Enemigos Íntimos‏ By Ruben Magaña

By Rubén Magaña

Si el primer capítulo trataba de cuantas amistades surgen en torno a un camerino, el de Brian Cross donde coincidieron Mónica Naranjo y Marta Sánchez, muchos, muchísimos años antes ya habían coincidido en una mesa bajo la atenta supervisión de Sansano y Gil (quienes llevaban los negocios de la Naranjo) Mónica y Abel, un chaval sin pelos en la lengua que comenzaba a destacar en un SubMadrid al que ambas partes llevaron a lo que hoy son, se deben tanto que de no haber existido aquella reunión fortuíta seguramente no existirían sus presentes.

A veces las relaciones profesionales derivan en lo personal, para bien o para mal y más cuando ha habido un vínculo tan estrecho como el de crear uno de los discos más perfectos para la música dance/pop española de toda la historia, máxime en los noventa cuajados de ataduras en los que una mujer alejadísima de lo que es hoy Mónica Naranjo cogió la batuta de las solistas musicales españolas y demostró que la música disco era también para ellas. Ello se consiguió gracias a una gira que la llevó por todas las discotecas de España y a los remixes que prepararon los Pumpin Dolls, Abel Arana (un auténtico Marketing con patas) y Juan Belmonte (Un fiera con las bases musicales) juntos dieron un aire internacional a una artista que ya de por si deslumbraba y que gracias a ellos se convirtió en lo más bailado en las discotecas de medio mundo. De forma paralela Abel, en aquel momento Redactor de Shangay regaló una portada envenenada a Mónica Naranjo. La catapulta a la fama, el primer contacto con el mundo gay, su primera entrevista mediática en España, sus primeros pasos hacia la divinidad musical, el alejamiento de lo terrenal y el acercamiento a lo onírico... Tal es la relación que en un documental que graba Canal Plus en aquel entonces recoge la complicidad de ambos antes de entrar a actuar en las más de 50 galas anuales a las que Mónica asistió durante aquellos años.

Hay muchas, muchisimas artistas en el mundo de la música que bailan mejor que Mónica Naranjo, que gesticulan, que visten, que sienten y lloran, incluso que cantan mejor que Mónica Naranjo pero pocas tienen una combinación tan sumamente desbordante que lleguen a convencer a quienes no la conocían, a quienes arrollaba con su fuerza adolescente, y Abel cayó en la red de una tarántula que aún hoy teje a su alrededor. Pocas, muy pocas pueden presumir de tener un batallón de actuación como el que Mónica tiene. Se conocen mucho, muy íntimamente. Menos de lo que algunos creen y más de lo que muchos piensan. Es un punto exacto pero nada conciso. Podría ser lo justo para entender un alza de egos que hace que cada vez que Abel pronuncia o escribe el nombre de Mónica Naranjo busca exactamente lo que obtiene; la rabia de muchos que saben que ha estado cerca y por muy fuerte que puedan sonar sus palabras quizá esten mucho más que cualificadas para poder hacer una crítica que las de cualquiera que, simplemente por comprar un disco nos creemos con derecho de réplica.

Abel es un tipo duro, fuerte y robusto en cuanto a lo físico, pero sensible y cercano como persona. No engañamos a nadie cuando decimos que ambos hemos tenido las ganas de coger al otro y darle dos golpes contra la pared gritando un seco ¡¡ESPABILA!! y esperando una reacción positiva. La vida te lleva y te trae y cuando menos te lo esperas te encuentras en la inauguración de un evento, recordarás que Triz Vega nos juntó las caras por primera vez, con quien y a quien has dedicado las palabras más horribles del mundo. Es posible que haya sido abanderado de tantas cosas que con el paso del tiempo te das cuenta que ciertas defensas sólo merecen la pena si te pagan por ello, sino buscar el enfrentamiento con cualquiera por defender posturas que a ojos de todos son difrentes (llámese PP/PSOE, Aborto sí/Aborto no, Eutanasia Sí/Eutanasia no) no merece la pena. ¿Por qué? Porque aunque en aquella ocasión ni nos mirasemos a los ojos, la casualidad de nuevo hizo que nos encontraramos en un local de Bilbao y un simple abrazo bastara para zanjar mil situaciones de tensión.

Nadie sale ganando si entendemos la provocación como algo negativo a los ojos del siglo XXI en el que un Blog, un Tweet o un mensaje de 140 caracteres puede ser tan gracioso para uno como hiriente para otro. Cada cosa hay que entenderla en su contexto y, perdonenme, pero yo que me he permitido el lujo de esputar el peor de todos los insultos a Abel cuanto más me he acercado a él en lo social, en las amistades que compartimos, en la ciudad en la que pacemos más me he dado cuenta de que su campaña no es más que un marketing social digno del mejor Community Manager, que Risto Mejide debería apuntar con sus ojos a este hombre como ya lo han hecho las cadenas de televisión nacionales porque es un provocador y sólo ellos tienen la llave para conseguir cientos de visitas a un medio, su blog, que se incendia cada vez que se pronunian juntas un nombre y un arbol frutal en la misma frase.

¿Qué opinará Mónica Naranjo de todo ello? ¿Alguien realmente piensa que ella tiene tiempo de dedicarse a esto...? En el tiempo que compartí en un submundo naranjo me di cuenta que tiene gente que se encarga por ella de filtar toda aquella pulpa que, pasada por un colador, se convierte en un zumo transparente, una vida de merengue, un pastel de bodas perfecto.

Hace poco conocí personalmente a dos artistas a las que había criticado mucho públicamente y en privado. Ambas fueron tan sorprendentes al conocerlas que algo cambió en mi y me di cuenta de que el noventa por ciento de las veces hablamos de la gente sin conocerla, la prejuzgamos porque muchas veces no tenemos la oportunidad de conocerles de forma cercana para poder hablar, decir y opinar de forma clara y concisa. Y sin embargo muchas veces censuramos que quienes sí se han conocido se critiquen como si fuera un acto de recelo, envidia o traición y yo, con el paso del tiempo me he dado cuenta que los malos nunca son tan malos como los buenos lo son buenos.

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