miércoles, 30 de octubre de 2013

ENTREVISTA A MÓNICA NARANJO EN LA RAZÓN: «Me encanta el momento bambas, chándal y coletón». Incluye artículo edición impresa.


Reconoce que no viene a Madrid tanto como le gustaría y que por fin ha conseguido hacerse dueña de su agenda y consigue no coger el teléfono los fines de semana, que los dedica a su marido, su hijo –que ha cambiado «el tiramisú y el Monopoly de los domingos por las ''churris''»– y sus mascotas. En la capital presentó su último trabajo, que no es un disco, sino «Come y calla» (Martínez Roca), un libro de cocina en el que liga experiencias con recetas.
–Califica su cocina como su personalidad, de rústica...
–Es que lo soy. Me encanta el momento de gatos, perros, niños, bambas, chándal y coletón. Irme a pasear al campo, y si puedo abrazar a un árbol, el más viejo que encuentre, ahí me ves, como si fuera un koala. Disfruto mucho de la naturaleza, de mis momentos, de mi cara lavada y la lejanía del trabajo. No me agobio de mis cuatro paredes, al contrario, es como resucitar.
–¿Cómo convenció a Karlos Arguiñano para que le hiciese el prólogo de un libro de cocina?
–Él está hasta arriba de trabajo, pero al final le dije: «Karlos, te mando esto para ver qué opinas y, si te gusta y tienes tiempo, enróllate». Me encantó que alguien que se dedica a hacer cocina de mercado y que tiene recetas tan creativas me dijera: «Pues me ha gustado».
–Para ser un libro de cocina, ¿no parece más una autobiografía?
–Quise recoger episodios de mi vida, explicar algunas de esas experiencias en las que lo he pasado fatal, pero de las que al día siguiente me río. Porque caerse no es lo mío, pero si lo hago, me cago de la risa. Al final me dije: «Coño, me lo he currado».
–¿Teme que pueda parecer demasiado sincera?
–Es que hay que serlo. No busco caer bien a la gente, aunque obviamente me gusta. Hay muchísimas personas que viven pendientes del qué dirán, y creo que eso es un paso hacia una vida invisible. No llevo bien callarme, porque a veces hacerlo se transforma en una enfermedad. Soy muy visceral, aunque con los años he mejorado muchísimo en las formas. Hay gente que dice: «Ah, esto no lo voy a decir porque se va a tergiversar, o porque puedo parecer maleducada». Y la realidad es que no, somos de carne y hueso, y yo tengo mi manera de pensar y mis ideales.
–Pero, al final, es usted muy querida, ¿cuál es la receta para ser tan apreciada?
–Siempre me han acogido con mucho cariño, y ahora más que nunca, me siento muy arropada. También es verdad que la televisión me ha dado esa opción, a pesar de que yo era muy reacia a trabajar en ella. Venía de un momento musical muy bueno y, tal y como está la televisión actual, que la gente no se habla, se grita... ¡me daba miedo!
–¿Qué le hizo cambiar de decisión y debutar como jurado en «Tu cara me suena», de Antena 3?
–Me dijeron que estaba Tinet Rubira produciendo y dirigiendo, y dije sí. Porque es una garantía de que va a ser un buen programa con un formato de buen rollo, familiar, y que nos va a aportar cosas. Y ya llevamos tres temporadas del programa. Tienes la oportunidad de ser quien eres, no llevar el personaje puesto.
–Pero la televisión ha tenido un lugar importante en su vida: entre los recuerdos que menciona en el libro, están las noches de «Un, Dos, Tres»...
–Han pasado muchas cosas en mi infancia, pero los días más felices de mi vida eran desde el viernes por la tarde hasta el sábado. Mi madre nos iba a buscar a mí y a mis hermanos al colegio, nos metía en la tina y nos pegaba el duchazo a los tres juntos, que parecíamos trillizos. Luego nos ponía el pijama, aprovechaba el pan de toda la semana, lo freía y nos preparaba una maicena y lo mezclaba. Recuerdo a todos con la mantita en el sofá ¡y a ver el «Un, dos, tres»!. No teníamos los lujos de ahora y las familias humildes nos acercábamos mucho para el frío. Luego nos íbamos a dormir y mi mamá nos compensaba el sábado yendo al mercado a por fruta fresca... También nos daba «croissants» de chocolate, un lujo. Eran momentos muy especiales. Hemos vivido cosas bonitas de pequeños. Ahora tengo un hijo, y los dibujos que ve no los entiendo. Para mí «Bob Esponja» es paranoico.
–¿Y qué es eso de que la cocina hace que se evaporen los problemas?
–Tienes que poner los cinco sentidos, no es ningún secreto. Cuando hago algo para cocinar, pongo hasta el sexto, que lo tenemos, pero dormido. Requiere toda la atención del mundo, estar pendiente de las cantidades, del gusto, del olfato... y el cariño es fundamental en la cocina.
–¿Y el sexo? ¿Es un ingrediente secreto?
–Es una necesidad, algo bueno, sano, un instinto. Me pregunto por qué se trata como un tabú si es bueno para la salud.
–La cocina es igual que los conciertos: tanto trabajo para prepararlos y luego se acaban en seguida...
–Ese planteamiento me lo hago en casa con mi hijo y mi marido, que son como dos boas engullendo. Pero no es en balde: hay una recompensa, significa que les ha gustado y lo han disfrutado.
–¿Su madre ha sido su referente culinario?
–Creo que es una excelente cocinera, pero siempre le reprocharé que no sepa hacer un buen Cola-Cao. A día de hoy sigue pensando que sólo es para darle color a la leche. Ella se ríe cuando le digo esas cosas.
–Afirma en su libro que la segunda cosa que más le gusta es cocinar, ¿cuál es la primera?
–A nivel profesional, la música; pero a nivel personal me gusta mi vida, vivir.
–El tema «Pantera en libertad» es uno de sus grandes éxitos. ¿La han domado ya?
–No. Cuanto más vieja, más pelleja. He aprendido a ser un poco más tipo colchón estable, tomarme la vida de forma más tranquila. Pero, al final, lo que somos no podemos ni debemos evitarlo.
–¿Cómo se come la independencia de Cataluña?
–Normalmente no hablo de política. Los artistas nunca debemos estar vinculados con ella. Es un tema que abre muchas heridas.
–¿Qué le pasó en Tailandia, que acabó con un niño en brazos?
–Tengo allá una grandísima amiga y, estando una vez en el mercado, un hombre vino y me dejó a un niño en brazos. Creí que me lo había entregado para cuidarlo, pero luego me explicaron que querían hacerse una foto conmigo porque era muy blanca. Desde entonces, a veces le pregunto a mi marido qué pasaría si mañana nos dejaran un bebé en la puerta de casa. Yo lo tengo muy claro: si lo han dejado es porque querrán que lo criemos nosotros.
–Se dice que Mónica Naranjo es como un buen plato: quieres repetir una y otra vez.
–Estoy en un gran momento de mi vida, cumpliré pronto 40 años y llevo ya 22 en la música. ¡Eso es increíble!


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