domingo, 27 de octubre de 2013

ENTREVISTA A MÓNICA NARANJO EN VANITATIS: "A las discográficas sólo les ha interesado explotar diamantes en bruto"


Jeckyll y Hyde. Mónica y Mónica Naranjo. La artista catalana es como el antihéroe de Robert Louis Stevenson. Sabe bien cuándo ser una y cuándo la otra. La que recibe a Vanitatis en una lluviosa tarde de otoño en la sede de Planeta es más la primera, la desconocida, la que no se transmuta en diva sino que parece la madre (o la hermana mayor, dada su impresionante planta) que cualquier niño quisiera tener; esa que también se mete en la cocina y que no duda en regalar a los suyos platos que llevan un poco de ella misma. Es la misma que publica Come y calla, un libro que, a partir de esta semana, nos enseñará un poco más de esa otra Mónica, la que no es una deidad, ni muestra su genial voz a la vez que interpreta el papel de una leona del escenario que dramatiza sus interpretaciones a la antigua usanza. Esta Mónica es igual de arrolladora quedándose en la cocina, sin que por ello aminore un ápice de su personalidad a contracorriente. Come, pero no calla, y sobre todo a la hora de llamar a las cosas por su nombre y de saber que el éxito no se basa en ser lo que otros quieren que seas, sino la mejor versión de ti mismo.
P: ¿Por qué el primer libro es un libro de cocina?
R: Siempre he estado muy vinculada con la cocina. Éramos tres hermanos, nuestros padres trabajaban y tenía que hacerles la comida. Me fui de casa muy joven y claro, me tenía que mantener, que hacerme de comer. Cuando dejé la música hace muchos años me fui a un lugar perdido, un pueblecito maravilloso de Italia y allí conocí a unas señoras muy mayores que tenían fascinación por la ‘píccola spagnola’ y me traían comidas de las que yo aprendí muchísimo. Les preguntaba…”¿pero cómo habéis hecho esto?”
P: ¿Quién hizo que recogieses todo eso en un libro?
R: Hace cosa de un año me contactó la editorial me lo ofreció. Llegaban los domingos y, cuando nos reunimos en familia me decían: “Estás tonta? Tienes un recetario que llevas escribiendo años y años”. Yo sabía que no soy una profesional pero la cocina sí es mi terapia. En la cocina tienes que poner tus cinco sentidos.
P: ¿Lo considerarías también un libro de autoayuda?
R: Yo creo que ayuda a reír y eso es salud. Cuando he recuperado el sentido común tras un bache me he muerto de la risa. Es un libro de terapia para decir: “Nuestra cabeza es nuestro peor enemigo y no te tienes que quedar ahí.Levántate y haz un bizcocho, chochona”.
P: En este libro pareces más Mónica que Mónica Naranjo. ¿Es verdad que te molestas cuando te obligan a ser ese personaje que es Mónica Naranjo?
R: A un supermercado no me voy arreglada, por ejemplo, pero si me fuese tal y como estoy hoy, quiere decir que estoy trabajando y no me importa hacerme una foto con nadie. A lo mejor da la casualidad que otro día estás comprando en jeans (y yo siempre intento ir lo más tirada que puedo porque soy muy rústica y me gusta ir cómoda) y estás con tu hijo…y claro, mi hijo no tiene por qué vivir eso. Por eso muchas veces freno ese tipo de cosas.
P: Tu relación con la prensa siempre ha sido buena…
R: Nunca he tenido quejas de los periodistas. Ha sido una buena relación por ambas partes. En Barcelona me muevo con mi hijo por zonas donde hay muchos paparazzis y jamás me han sacado una foto.
P: ¿Te cuesta convertirte en ese personaje que es Mónica Naranjo? ¿No te vuelves loca?
R: Llevo años haciéndolo tantos años. El otro día me decían que domino ‘el método’ pero lo que pasa es que me sale de forma espontánea. Yo ahora llegaré a casa, me quitaré el maquillaje y seré la mamá de familia numerosa que soy.
P: Un plato que te identifique
R: El pollo con ciruelas
P: Una comida que detestes
R: El steek tartar. Mi hijo y mi marido son muy comilones y cuando les veo comer eso no puedo ni mirarlos.
P: Una pregunta tópica pero fundamental ¿Crees en que la comida une a las personas?
R: Sí que une. Sobre todo los fines de semana. Nosotros somos una familia pequeña pero bien avenida y los domingos son sagrados para reunirnos todos y comer.
P: Hablando de tu música, ¿en qué consiste esa Mónica 4.0 que preparas?
R: Todo empezó en México. Iba a hacer una gira rock pero de repente, hablando con mi productor de espectáculos, le dije: “Macho, esto se me queda a mitad de camino. Creo que voy a llamar a mi amigo Chris Gordon y vamos a armar una buena”. Le dije a Chris que debíamos rehacer los arreglos de mis canciones y destrozarlas hasta el límite que él marcase. Empezamos a ver los nuevos arreglos de grandes éxitos y yo le dije: “Esto tiene que ver la luz porque está muy bien hecho”. Se lanzará en diciembre o enero y en el mes de mayo festejaré con 4.0 esos cuarenta años que cumplo. Si no lo hago ahora, no lo hago nunca de esta manera porque todo evoluciona con mucha rapidez.
Sin pelos en la lengua
Mónica Naranjo podría afirmar que ha sobrevivido a los vaivenes de la industria musical, haciendo un juego de palabras con aquella canción de Mina que se convirtió en lema gay y en himno musical omnipresente en las discotecas. Su faceta de productora y su implicación en el mundo de la música hacen que reaccione y no tenga pelos en la lengua cuando se le pregunta por esa industria que, en estos momentos, parece estar herida de muerte.
P: ¿Qué puede hacer alguien que quiere empezar ahora en el mundo de la música? ¿Qué hace falta para llegar a ser una Mónica Naranjo tal y como está el patio?
R: Hace unos años, cuando yo empecé, era suficiente cantar bien. Ahora no. Ahora necesitas algo más. El artista tiene que ir siempre aprendiendo, estudiando, abierto a cambiar y a las nuevas tendencias, además de hacer otras cosas. El artista que empieza hoy es prácticamente imposible que pueda irle bien porque de cien hay dos o tres casos insólitos como el de Pablo Alborán, alguien que seguro que dejará huella.
P: ¿Pagan los artistas la larga avaricia que muchos denuncian por parte de las discográficas?
R: Hace diez o más años, compartía un vuelo con Ramoncín y estuvimos las diez horas de vuelvo hablando y hablando. Ya veníamos diciendo que el ‘lobo se acercaba’. Las compañías no se lo querían creer. Por otro lado, hay un gran error: no crear carreras discográficas. En los 70, por ejemplo, se creaban carreras longevas, a largo plazo, se aconsejaba bien a los artistas. Han pasado los años y lo único que les ha importado es cómo destrozar un diamante en bruto, explotarlo y dejarlo de lado cuando ya no les sirve.
P: Muchos opinan que en aquella época la música estaba manejada por gente que sí sabía de música y no por empresarios que sólo quieren ganar dinero. ¿Crees que es así?
R: Yo he visto fiestas de las discográficas en las que los directivos se gastaban un dineral y acababan ‘todas’ borrachas perdidas, dándole solamente importancia, por ejemplo, a si el artista iba bien vestido o no. Todos estos señores, según fue pasando el tiempo, se fueron durmiendo en los laureles y se acabaron convirtiendo en los monstruos que son hoy. Han dejado muchos cadáveres por el camino y no sé cómo duermen tranquilos.
P: ¿Hasta qué punto han respetado la autenticidad de los artistas esos directivos?
R: En los años 80 o 90, en la que yo he crecido musicalmente, las discográficas la respetaban. Ahora, un grupo o un sonido funciona y todo el mundo tiene que hacer lo mismo. Da igual que te guste el rock, se cagan en lo que te guste. Tienes que hacer lo que funciona. Si te das cuenta, todos los acordes ahora son los mismos y mucha música pop suena igual. Se la han cargado. No nos equivoquemos, los que han tiranizado la música han sido esos señores que manejaban el cotarro.
P: ¿Hay también un problema de falta de talento?
R: No es que no haya gente con talento, es que no les dejan hacer lo que quieren. Conozco mucha gente con talento, que compone maravillosamente y se desenvuelve como pez en el agua en los escenarios y no les dejan ser ellos. Para iniciar un trabajo tan sacrificado como este para no ser siquiera tú, no merece la pena. Sin embargo, a través de la red, la gente puede colgar su autenticidad, su sello, sin tener a un gilipollas que no sabe ni lo que es un pentagrama y tiene los cojones de decirte que cantas ‘raro’

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