domingo, 3 de noviembre de 2013

ENTREVISTA A MÓNICA NARANJO PARA EL GRUPO VOCENTO: «Es agotador ser Mónica Naranjo». Lee la edición impresa.


Texto cortesía/Extraída de Hoy Extremadura | ARANTZA FURUNDARENA | Foto David Arnal

Entrevista disponible en los siguientes periódicos del grupo: Las Provincias, La Verdad, El Correo, Ideal, El Diario Montañés, Diario Vasco, La Rioja, Hoy. 


A sus 39 años la 'pantera de Figueras' está feliz, convertida en una ronroneante gatita. Los 40 los celebrará en mayo con una 'minigira' precedida por un disco. Y ahora acaba de lanzar un personal libro de cocina trufado de confidencias y anécdotas. 'Come y calla' se titula.
- ¿Es cierto que prefiere la comida al sexo?
- La sexualidad la disfruto mucho, pero es que comer es un placer más prolongado. Empieza cuando enciendes el fogón.
- En su libro descubre una vertiente muy 'maruja'.
- Es que yo soy muy rústica.
- ¿Ha desbancado la rústica a la diva?
- La rústica es más divertida. No sufre, goza. En cambio, Mónica Naranjo sufre mucho, pobreta... Es un personaje altivo, distante, que tiene su drama. Es un mundo aparte.
- Me da que se lleva mejor con su yo más doméstico.
- Claro. Por eso en cuanto cruzo la puerta de mi casa cambio el chip. Ser Mónica Naranjo es muy agotador.
- No me diga.
- Implica adoptar una personalidad que no es tuya. Hay artistas que son ellos las 24 horas del día. No es mi caso.
- Su libro lo ha prologado Arguiñano. ¿Usted también canturrea y cuenta chistes en la cocina?
- Qué va. Para eso soy muy rancia.
- «Tanto ir y venir me volvió lela», confiesa en su libro.
- El éxito acaba asqueando. Al final no disfrutas nada. El éxito es como 'El día de la marmota': todos los días lo mismo. Distinto vestido y distinto país, pero siempre igual: aeropuerto, hotel, promo, estaciones de radio, televisión... Una vez aterricé en Los Ángeles y no sabía dónde estaba.
- Y entonces llegó a rescatarla un mosso d'esquadra.
- No. Cuando Óscar llegó a mi vida yo ya estaba casi curada. Cuando estás bien las personas que atraes son buenas, cuando estás mal atraes a las poco recomendables. «Piensa en tu carrera», me decían algunos. Pero una carrera a mí no me va a dar un abrazo cuando lo necesite. Una carrera es una noria y yo quería construir una familia. No quería ser como algunas de mis compañeras, que llegan a una edad madura solas y sin nadie que las abrace.
- Y en éstas le entraron a robar en casa...
- Sí, fue horrible. Pero aún así me dio tiempo a fijarme en el mosso que entraba por la puerta, ja, ja, ja. La vida me quiso hacer un regalito. Y eso que yo tenía mis miedos porque mi matrimonio anterior fue un desastre. Hay personas que están de parte de los que te explotan. Ahora me siento arropada.
- Óscar no llegó solo.
- Llegó con Aitor, que entonces tenía siete años. Y ahora ya tiene 21. Es hijo biológico de Óscar, pero la mamá soy yo.
- «Cocinar me ayuda a ahuyentar los fantasmas». ¿Cuáles?
- Conjeturas paranoicas obsesivas que todos tenemos... Pero yo en cuanto me entran ideas raras enciendo la 'Thermomix'.
- En su libro explica que su madre trabajaba fuera de casa.
- Como asistenta del hogar. Nuestros orígenes son muy humildes y estoy orgullosa. Renegar de eso sería enfermizo.
- ¿Cuenta calorías?
- Lo detesto. Pero confieso que he escrito este libro estando a dieta; una dieta disociada, tranquila. Lo que no recomiendo es vivir con la obsesión de una de esas dietas a base de lechuguita... Son dietas, como digo yo, terroristas. Así que luego te encuentras con una de esas modelos superamargadas y te dan ganas de decirle: 'Cariño, cómete un donut'.
- «Salgo barata y aburrida», afirma en su libro.
- Ya no bebo ni trasnocho como antes. Siempre he sido muy cerebral para la juerga, pero de jovencita, sola y en México, le daba más al tequila. Hoy me tomo dos y te canto bulerías. Ya no aguanto el alcohol blanco.
- ¿Es cierto que se abraza a los árboles?
- Como un koala. No sabe la energía que tienen.
- Si usted fuera un plato, ¿qué plato sería?
- Pueeeees... Una buena tarta de chocolate, ¡qué coño! El chocolate es vida. Soy intensa, y también amarga en algunos momentos, cuando me come la angustia y mi marido me dice: 'Cariño, me lo estás poniendo muy difícil'.




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