sábado, 22 de febrero de 2014

Los frutos dulces de la paciencia by Ricardo Castillejo



Texto cortesía/extraído de Ricardo Castillejo | SevillaMagazine | Correo de Andalucía

Admiro a Mónica Naranjo. Y mucho. Desde la primera vez que la vi bajando de un cesto gigante en “Sorpresa, sorpresa”, mientras interpretaba “Desátame”, he sentido una gran atracción por esta mujer la cual, conforme han ido pasando los años, ha sabido encontrar el equilibrio tanto en la parcela profesional, como en la personal. Solo hace falta verla para saber que, seguro con mucho esfuerzo y mucha autodisciplina mental, la “Pantera de Figueras” ha aplacado su fiereza hasta convertirse en la dama que hoy día es y que, según esta semana ella misma ha anunciado, va a dar el paso de colaboradora a presentadora de un programa de televisión como “A bailar”, la versión en Antena 3 de “Mira quien baila”.
Un buen regalo para recibir los 40 que cumple este 2014 y que se suma al lanzamiento de “4.0”, álbum del que tendremos single en marzo y disco en abril y con el que revisará los títulos más emblemáticos de su carrera bajo nuevos ritmos –que volverán a convertirla en “reina” de las pistas de baile- confirmando así el momento espléndido de quien, cual mágica Midas, convierte en oro todo lo que toca. Claro que no es de extrañar porque talento no le falta, sabiduría tampoco y, por si fuera poco, cuenta con un marido tan cómplice como Oscar, el amigo que la vida puso en su camino y que terminó sembrando en su corazón ese cóctel explosivo que es la mezcla de amor y admiración que otros anteriores no supieron entregarle.
Mónica, al contrario que la mayoría, no ha sido una persona que, borracha de fama, termine creyéndose el disfraz de personaje sino que sabe dejar fuera de los escenarios la piel de “la” Naranjo y disfrutar de aficiones que hablan tanto de su generosidad como la de cocinar. A mí, igual que a ella, me encanta sentar gente en mi mesa para darle de comer… Y, también como ella, pienso que hay que tener desapego a la obra que uno deja porque, aunque algunos se empecinen en ver lo contrario, en realidad no tiene tanto valor como creemos. Hasta he pasado a estar en paz conmigo mismo y a saber perdonarme y perdonar a los que, en el camino, intentaron hacerme daño (y, en ocasiones, lo lograron). De nada sirve el rencor pues nada que lo roce interesa en la mochila. Lo negativo, al final, solo trae desgracias y, como todos sabemos, ¿para qué buscarlas si ya vienen solitas? 
Soñé, aquella primera ocasión en la que descubrí a Mónica Naranjo en televisión, que alguna vez la conocería y esperé, esperé y esperé hasta que ese encuentro se produjo. Y vinieron luego otros, como el del pasado diciembre para “Sevilla Magazine”, durante los que me reafirmé en que, aguardar, mereció la pena. La paciencia es un árbol de raíces amargas pero de frutos muy dulces.

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