sábado, 25 de julio de 2015

Mónica Naranjo: "Mi hijo es un amor, se preocupa por la mamá, la artista le da igual" by Chance/Europa Press



Mónica Naranjo le ha cogido el gusto a la televisión y tras verlas en varias ediciones de Tu cara me suena ahora se estrena como jurado de la segunda edición de Pequeños gigantes. Gracias a la televisión hemos conocido la faceta más humana y divertida de la artista, convirtiéndose en uno de los rostros más queridos y demandados por el público.

Texto cortersía/extraído de Chance.es / Europa Press | Texto: Sheila Domingo | Foto: Josefina Blanco. 

Además, tras seis años de duro trabajo, su próximo disco verá la luz en octubre, una ópera rock que recibe el nombre de Lubna. Mientras en lo profesional la artista no deja de cosechar éxitos, en lo personal ha encontrado el equilibro junto a su pareja Óscar Tarruella, el ex mosso d'Escuadra con el que comparte su vida desde hace más de una década. Juntos son padres de Aitor, de veintitrés años, el hijo que él aportó al matrimonio y que Mónica adoptó como suyo.
CHANCE: ¿Cómo estás viviendo esta segunda edición del programa?
MÓNICA NARANJO: El listón está altísimo y los chavales vienen muy atentos, disciplinados y con ganas de aprender. Los profesores han tenido suerte de dar con niños tan receptivos.
CH: ¿Te ves pequeña al lado de ellos?
MN: Son gigantes. Yo cuando tenía esa edad era tonta, estaba empavada (ríe). Era una niña rancia.
CH: ¿No te habrías apuntado a un programa así?
MN: Lo más seguro es que no. Mi madre tampoco estaba mucho por la labor, ella me decía que estudiase si quería música. Al final ha sido bueno porque cursé clásico y es lo que ha quedado.
CH: ¿Te diviertes trabajando con niños?
MN: Es lo mejor, te regalan unos momentos preciosos. A mi hijo lo tengo ya muy mayor y trabajar con niños pequeños me hace recordar. Qué pena que haya crecido y no se haya quedado así (ríe).
CH: ¿Es más complicado ser jurado con niños?
MN: Tienes que tener más tacto. Los niños que quieren ser artistas son extremadamente sensibles, hay que buscar la manera de decir lo mismo pero sin que afecte a su confianza. Yo soy muy bruta y tengo que buscar la manera. Cuando sales al escenario y todos te dan besos es que te quieren, significa que no ha pasado nada, los niños son transparentes.
CH: ¿Estás aprendiendo de ellos?
MN: Mucho, de los niños es de los que más se aprende. Nosotros vamos cumpliendo años y vamos evolucionando y a veces nos perdemos muchas cosas, incluso a nosotros mismos. Cuando empezamos a trabajar y a absorbernos acabamos perdiendo la ilusión. Ellos no, a ellos los ves y quieres estar así. Hay que seguir mimando al niño que llevamos dentro.
CH: Tu viviste un momento de dejarlo todo e irte
MN: Sí, eso ya lo he vivido. Soy de la vieja escuela (ríe).
CH: ¿Qué fue lo que te hizo recuperar la ilusión?
MN: Haber aprendido a vivir, que era lo que me faltaba. Solo trabajaba, no tenía ni casa, solo tenía avión y hotel. Con veintitantos años descubrí qué era tomarse una tortilla de patata en la playa.
CH: Desde que haces televisión conocemos a una nueva Mónica
MN: Siempre digo que la música y la televisión son dos conceptos que no tienen nada que ver, no ayuda para nada. Creé un personaje hace muchos años que encarnaba los discos y eso es lo que sigo proyectando cada vez que subo a un escenario. La televisión me da la oportunidad de ser como soy en casa, un poco gamberra. La persona de casa dista mucho de lo que es la artista, afortunadamente.
CH: No vas a estar en "Tu cara me suena", ¿Es por incompatibilidad de grabaciones?
MN: Sí. Me ha dado mucha pena, pero me encontraba en un momento en el que me sentía inquieta. Cuando llega el momento en el que veo que me estoy acomodando, siento que no estoy evolucionando ni aprendiendo cosas nuevas. Con la música siempre me pasa lo mismo y por eso cambio los conceptos. Necesitaba un cambio.
CH: Estás a punto de acabar tu próximo disco con el que llevas seis años, ¿Qué nos puedes contar de él?
MN: He acabado de grabar voces ya, vamos a mezclar en Londres. Creo que saldrá para octubre. He estado seis años con él porque es una ópera rock. Cuando trabajas con elementos sinfónicos requiere todo mucho mimo. Cuando vuelcas todos en el estudio a lo mejor hay 180 pistas para mezclar. La ingeniero se va a volver loca para mezclar todo (ríe).
CH: ¿Sigues poniéndote nerviosa cuando subes al escenario?
MN: Mucho, cada vez es peor. La cabeza es muy mala, se me ve segura pero es el personaje.
CH: ¿Te gustaría que tu hijo siguiese tus pasos?
MN: No pero tampoco se lo he negado. Si un día me hubiese dicho que quería grabar un disco le habría apoyado. Me encanta que no le guste eso y que haga lo que él quiera. Cuando era más pequeño, mi marido y yo siempre decíamos que nos da igual a lo que se dedique, lo importante es que sea buena gente. Lo demás da igual. Mi hijo estudia y trabaja, es un tío cojonudo. Estudia diseño en 3D para cine y para juegos.
CH: ¿Nunca ha tenido inquietudes por la música?
MN: No, él tenía su guitarra y nos aterrorizaba con ella. Nos tuvo aterrorizados durante años (ríe).
CH: ¿Es crítico contigo cuando te ve en televisión?
MN: No, mi hijo es un amor y se preocupa por la mamá, la artista le da igual. Me ve y me dice que soy cojonuda. A él le importa su madre, la artista da igual.
CH: ¿Eres madre y amiga?
MN: Sí, hay que serlo. Me gusta ser la primera en saber cualquier problema que tenga. Los padres nunca van a fallar. Siempre que tiene un problema voy, sabe que no hay reproches ni nada.
CH: ¿Cómo suegra serás igual de buena?
MN: Sí, quien quiera a mi hijo lo querré.
CH: ¿Tienes alguna profesión frustrada?
MN: Tengo la profesión más bonita del mundo, poco más se puede pedir.
CH: ¿Cómo eras de pequeña?
MN: Era graciosa (ríe), vamos a dejarlo ahí.
CH: ¿Tienes algún talismán antes de salir al escenario?
MN: Me fundo con el universo y que el universo me guíe. No soy supersticiosa, el amarillo es maravilloso y me sienta genial cuando estoy bronceada. Entiendo que haya gente que lo sea, como los toreros, que se juegan mucho.
CH: ¿Te quedas sin vacaciones?
MN: No, necesito un respiro este año. Las mejores vacaciones del mundo están en mi casa, que no la veo nunca. Estaré en casa y en paz, con unos libracos que me he comprado que me voy a volver loca.



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