lunes, 2 de noviembre de 2015

El día que Mónica Naranjo decidió matar a la diva Mónica Naranjo by Bluper




Texto extraído/cortesía de Bluper | Juan M. Fernández


La diva Mónica Naranjo ha muerto. Larga vida a Mónica Naranjo

En la vida de la pantera de Figueras hay un antes y un después tras su salto a la televisión. "Antes, la gente se quedaba con el personaje, que era un personaje que sufría, que lloraba por cada esquina. Y cuando me ofrecieron hacer Tu cara me suena, mi manager me sugirió que ya era hora de que la gente me conociera de cerca". 

Y ahí nació una nueva Mónica Naranjo. La diva que con su voz llenaba grandes teatros pero llena de soledad, pasó a ser la coach que se emocionaba, que se reía, que hacía reír, que mostraba a su verdadero yo

Ahora, tras su paso por el talent  show de Antena 3, la catalana se estrena en Telecinco con Pequeños gigantes, una nueva oportunidad para descubrir a la Naranjo más maternal, a la Naranjo llamada a seguir los pasos de Raffaela Carrá como show-woman.

¿Cómo es trabajar con niños?
Es distinto a trabajar con adultos. La espontaneidad, la inocencia, la veracidad que te da un niño, no te la da un adulto. Las emociones están a flor de piel. Qué agilidad y qué talento tienen. Pero si yo cuando era pequeña, era tonta. Yo cuando tenía esa edad era un pato. Tienen una disciplina que no tienen los mayores. Te ves a todos hablando por teléfono, en vez de mandar mensajes. En cambio a los niños les dice que no hablen y te hacen caso.

¿Ya ha cambiado tu imagen de Cruela de Vil?
Flo y Marbelys me pinta así y es una de las grandes bromas. Pero con los niños, uno se quiebra. Les tienes que exigir si quieres que mejoren porque se juegan una beca.

¿A qué edad empezaste a ser una pequeña giganta?
Todos mis recuerdos están vinculados con la música. La música para mi es mi segundo tiempo.

¿Cantabas continuamente?
Sí. Se ve que era un disco rallado.

Pero, ¿tenías familiares que cantaran?
No, no. Ahí viene lo raro.

Conociste a Salvador Dalí de pequeña. ¿Cómo fue?
Figueras era un pueblo pequeño y era habitual que la gente lo tratara. Era una persona maravillosa y entrañable. Yo lo traté porque era amigo íntimo de una familia amiga de mi madre.

¿Te dio algún consejo?
Con 14 años tienes mucho respeto. Ves a un señor tan mayor, que habla tanto, que mezcla tantos caminos, tantos idiomas, te quedas con lo más importante: déjate llevar por la pasión. Y así he hecho durante toda mi vida.

¿Llegaste a decirle que querías ser artista?
No. Mi madre. De mi pasó hasta que lo supo. Nunca me hizo caso. La cosa empezó a suavizarse cuando le

¿Le llegaste a cantar?
No. Era muy vergonzosa. Yo me montaba conciertos en el salón de mi casa.

¿O sea que no habrías tenido el valor a presentarte a un programa así?
Seguramente sí. Me mentalizaba bastante con las cosas. Pero la gente joven de mi época estaba en Madrid, no en la Cataluña profunda.

Dices que te dejas guiar por la pasión, ¿responde a eso tu cambio de cadena?
Sí. Yo he pasado bastante tiempo en un programa y cuando sientes que necesitas algo más, es el momento de cambiar. Si lo hago con la música, ¿cómo no lo voy a hacer con la tele? En música siempre he intentado evolucionar, no repetir dos veces el mismo modelo de disco. Siempre he intentado investigar. ¿Qué me lleva mi tiempo? ¿Qué la gente protesta porque tardo en sacar proyecto? Sí, pero yo me lo guiso y yo me lo como.

¿Qué te aporta la televisión?
Era muy reacia a trabajar en la televisión. Muchísimo. Cuando me propusieron hacer Tu cara me suena, no quería. Sentía que no iba a aportar nada.

¿Qué le hizo entonces dar el paso?
Toda la vida he estado haciendo lo que me da la gana, pero olvidándome de que no era un personaje. La gente se quedaba con el personaje, que era un personaje que sufría, que lloraba por cada esquina. Y toda mi vida he disfrutado mucho. Saber reírme. Y eso me sugirió el manager, que la gente me conociera de cerca.

En la gira Madame Noir te hacías una autocrítica brutal... 
¡Hombre! Había momentos en los que me descojonaba.

¿Tú has sido muy diva?
No. Quisimos hacer algo muy extremo. También son cosas que he visto, en compañeras de otra época y de otros países… Yo he visto que una artista se le cae algo y le vienen cincuenta para recogerlo. A ver, señores, cagas y meas… Era todo una parodia.

¿Lanzas pronto tu disco?
Sí. Una locura. Pero sobreviviremos. Ahora la responsabilidad es de Sony, no mía. Ha sido un proyecto muy bonito, pero muy duro. Y es que un disco que hemos estado mezclando por cada corte una semana y otra semana corrigiendo. Y son 17 cortes. Son siete años después de Tarántula. Hay mucho nerviosismo alrededor de Lubna. Todo el mundo está nervioso, menos yo.  Me he quedado tranquila con el resultado. Era lo único que podría provocarme cierto desequilibrio, que en la recta final hubiera algún problema. Y gracias a Dios no lo ha habido. Todo ha salido como estaba planeado.

¿No te provoca nerviosismo la reacción del público?  
No. ¿Para qué? Imagínate qué vida tan vacía debería tener si sólo me importara eso. Yo hago trabajo y los comparto. Pero primero me tiene que gustar a mi. Yo hace muchos años que salí del sector discográfico. Yo me lo guiso y yo me lo como y cuando el trabajo está terminado, pues licencio. No es sano estar toda la vida pendiente de un trabajo como éste. No eres feliz. No quiero ese ritmo de vida en mi vida, nunca más.

¿El punto de inflexión fue Bad girls?
Sí, fue ese. Yo no quería hacerlo.

De hecho ya no cantas canciones de aquel disco…
No, porque me toca las pelotas. Es un disco horrible. Y lo digo siempre abiertamente: es un disco que es una mierda. Era lo que querían en ese momento y ahí lo tienen. Luego desaparecí siete años y me dediqué a vivir, que se está muy bien. Luego regresé, pero a mi manera. Bajo mi responsabilidad. Yo no soy la típica artista a la que se le presenta un repertorio después de mirar en 50.000 catálogos… Los cantautores nos hacemos nuestro repertorio y al final es lo que lanzamos.

¿Será Lubna tu último disco?
No lo sé. Voy a mi ritmo. Conforme sople el viento. Si tienes exclusividad con algo o alguien, dejas de ser libre. Y como soy libre, decido cuando, como, que me pide el cuerpo. Creo que desde los 17 ya pagué el peaje.

¿Y el cuerpo te pide La Voz?
El Cuerpo me pide comerme un plato de sushi.

¿Y volver a presentar?
Sí. El cuerpo me pide otra cosa, que es lo que estamos preparando…


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