domingo, 31 de enero de 2016

ENTREVISTA EN EL DOMINICAL DE EL PERIÓDICO. LA CANTANTE DESVELA SU FACETA MÁS DULCE Y TAMBIÉN LA MÁS ACIDA




LA CANTANTE DE FIGUERES EXPRIME SUS DOS MITADES EN UN JUGOSO REPORTAJE, EN EL QUE DESGAJA PARTICULARIDADES DE SU CARÁCTER, ÁCIDAS Y DULCES A PARTES IGUALES. 


Texto cortesía/extraído de El Dominical | Texto Nuria Martorell | Foto David Arnal

LIMÓN
1
Tengo obsesión con el orden y la limpieza.
2.
Nunca me gusta la comida fuera de casa. Pienso
que yo lo haría mejor.
3.
Soy excesivamente meticulosa y siempre he de
tener un plan B por si algo falla.
4.
Detesto las sorpresas. Ni hacerlas (nunca envuelvo
los regalos) ni que me las hagan.
5.
Las sábanas han de estar estiradas; las toallas, dobladas
y todo en simetría. Tengo amargado a mi marido.
6.
Le amargo la existencia a mi maquillador: le maltrato.
7.
Mi diseñador y mi estilista tienen pesadillas por la noche.
8.
No soporto los ‘ismos’ porque son radicales. Hay que ser más
neutros.
9.
Me sale el mal bicho que llevo dentro ante las injusticias y la
manipulación.
10
Cambio de canal cuando veo las noticias.


NARANJA
1.
Siempre me levanto de buen humor.
2.
Lo primero que hago al levantarme es besar a mi perro
y luego a mi marido.
3.
Cuido mucho a los que amo.
4.
Nunca discrimino por raza, sexo, religión... Vive y deja
vivir.
5.
Me paro a ayudar a cualquiera, en cualquier momento
y lugar.
6.
Hago que mi equipo de trabajo sea mi segunda familia.
7.
Me encanta cocinar. Cuando lo hago, no
pasa el tiempo.
8.
No podría vivir sin pasear frente al mar ¡y bañarme en
invierno!
9.
Soy muy intuitiva: sé escuchar a mi interior.
10.
Hago de mi casa el paraíso: chimenea, película o libro
y mis seres queridos.


LA NARANJO TIENE SU PARTE LIMÓN. Gajos ácidos o amargos que completan la personalidad de una mujer “sensible en extremo”, confiesa. “Lo que más me ha hecho sufrir ¡es sentir! Y he sufrido en esta vida lo que quieras y más. Ahora toca trascender. Y, sí, lo llevo mejor. Tras muchas historias y terapias, tras un difícil proceso de introspección, he logrado expulsar, escupir ciertos aspectos de mi carácter y de mi pasado”. Mónica se desgaja hasta juntar sus mitades contrarias en esta entrevista previa a la vorágine de la promoción que le espera, mientras ultima su obra más arriesgada.


LA RECETA MUSICAL DE MÓNICA NARANJO suma ingredientes y aderezos según avanza su
trayectoria. Para remontarse a su última publicación hay que hablar de un libro de cocina, Come y calla (2013), porque su anterior disco (de piezas inéditas), Tarántula, data del 2008. La cantante no quería hacer esperar más a sus fans, y antes de estrenar (el año que viene) su ópera rock y de editar la novela en la que está inspirada (en septiembre del 2016) lanza ya la banda sonora: el disco Lubna. Un generoso compacto recién horneado (el álbum salió el viernes) con pasajes instrumentales y corales entre épicas canciones que narran intrincadas historias con protagonistas que acaban encontrándose. “Trato siempre de aprender. Estancarse no tiene sentido. La evolución, para un artista y su público, es fundamental. Solo así entiendo la música”, explica la cantante de voz superlativa.

“De niña me inculcaron el orden. ¿Que soy un coñazo? ¡Que se jodan!”


LA ESCULTURAL ARTISTA VUELVE A DESNUDARSE para la carátula. “Y qué pesados son los que se escandalizan a estas alturas. ¡Pero si en la playa se ven todas las tetas que quieras! Además, si el leit motiv es que salgo del mar, ¿cómo voy a ir? ¿¡Vestida!? Pues no: emerjo en todo mi esplendor. Por suerte, con los años las mujeres nos volvemos más desinhibidas” [en mayo cumplirá 42]. La foto es en blanco y negro. Como el impactante y desgarrador videoclip del primer sencillo, Jamás. La cantante interpreta a una madre que pierde a su hijo. “Él sabe que se va a morir y la prepara. Todos los niños que he conocido y han estado muy malitos actúan así. Están hechos de otra madera. Son muy evolucionados. Almas viejas. Fuertes y generosos, hasta el punto de ser capaces de decirles a sus padres: ‘Deja que me vaya, que estoy muy cansado’ y ‘hey, que nos vamos a volver a ver’. Esto pasa. Y al cabo de unas horas, han partido”.

DE TODOS LOS CAPÍTULOS DE ‘LUBNA’, es el que más tocó mi corazón. El rodaje fue muy duro. Porque perder a un hijo no deja de ser antinatural. Y, mientras lo filmábamos, pensaba: ‘Esto le pasó a mi madre’. Mi hermano Enrique falleció a los 29. Decidió que no quería vivir más. Con él tenía una relación muy especial, muy maternal. Si yo perdiera a mi hijo, ¡uf! Antes las madres no podían darse el lujo de compadecerse. Acostumbraban a tener más niños y se sobreponían por los que se quedaban. En casa éramos tres. Nosotros tenemos solo uno, a Aitor”, quien, por cierto, firma el diseño y la ilustración del álbum. Su marido, Óscar Tarruella, apareció de forma providencial cuando Mónica intentaba sobreponerse de una fuerte crisis que le impulsó a apearse de su frenética carrera. Él era mosso d’esquadra y dejó el cuerpo para volcarse en ella. En las confesiones de la cantante, su pareja, así como el concepto de familia, salen de forma recurrente. “Nadie está preparado para el éxito. El éxito no se puede tocar. ¡La familia es la que tiene el peso real!”. Óscar sortea como puede las manías de Mónica. La primera que admite: su obsesión por el orden. “Desde pequeñita me inculcaron que el orden es el principio de la disciplina y me ha ido muy bien. ¿Que soy un coñazo? ¡Pues que se jodan! Me pone de los nervios encontrarme las toallas arrugadas. Las sábanas sin estirar. Y los cojines han de estar colocados de forma totalmente simétrica. A veces mi marido se enfada, estruja su almohada, la suelta y dice: ‘No la toques porque está en mi lado’. Y yo le digo: ‘Sí, hombre’. ¡Qué ingenuo! En cuanto se va, la recoloco”.


MÓNICA SIEMPRE SE DESPIERTA “de muy buen humor”. “Adquirí la filosofía de un gran amigo que batalla contra una larga enfermedad y siempre dice: ‘Cuando me levanto y logro poner un pie delante del otro significa que va a ser un día cojonudo’. ¡Pues claro que sí!”. Pero luego es cuando vienen más trifulcas domésticas. A Óscar no le sienta bien que el primero en besarla sea otro. “Es mi perrito Gaby, que se abalanza sobre mí con la lengua fuera y moviendo la colita [risas]. Cojo a Gaby en brazos y cuando me encuentro a mi marido en la cocina, preparando el desayuno, se queja: ‘Hey, ¿y yo qué? Y yo le contesto: ‘Es que tú no vienes efusivamente a darme besos’. Los gatos también lo hacen, ¡venga a darme lametazos! En casa tenemos siete animales. El último que hemos recogido es una perrita, Chispita, que se encontraron los jardineros de la urbanización. Estaba famélica, con problemas en las extremidades, conjuntivitis... ¿Cómo iba a permitir que acabara en un centro de protección de animales?”. A la cantante le gusta que haya mucha vida en su casa. “Ahora está con nosotros mi padre. Y muy a menudo se instala el equipo con el que trabajamos. En esto Óscar tiene mucho que ver. Él lo ha impulsado. Una de mis ilusiones era establecer mucha comunicación con ellos. Crear juntos. Dar rienda suelta a la imaginación unidos. La misma sesión fotográfica de Lubna se hizo en nuestro hogar. Y la foto de portada está tomada en nuestra piscina, con una posproducción final, claro. Me desnudé ante mis compañeros sin ningún problema. Y, tras la jornada laboral, preparamos una gran comida. Me encanta cocinar. Ojalá tuviera más tiempo para dedicarme”. La cantante se sabe buena en estas lides, por lo que detesta comer fuera, porque siempre piensa que a ella, ese plato, le quedaría mejor.

La artista se fía  de la intuición. No le fallócon ‘Minage’.“Tenía a todos en contra yahora es una obra de culto”


SU NIVEL DE EXIGENCIA SE AMPLÍA a más frentes: “Le amargo la existencia a mi maquillador: le maltrato. Y mi diseñador y mi estilista tienen pesadillas por la noche. Pero es por una cuestión de responsabilidad por mi parte. Soy excesivamente meticulosa en todo, y siempre he de tener un plan B por si algo falla”. Mónica confía en su intuición: “Sé escuchar a mi interior”. Fue su “sexto sentido” el que la animó a publicar Minage. “Tenía a todos en contra, y se ha convertido en una obra de culto. La única vez que no me hice caso fue con Chicas malas y ¡cuánto tiempo desperdiciado!”. No. Desaprovechar el tiempo no va con ella. Lo invierte en placeres como “pasear por la montaña”. “Y bañarme en el mar, incluso en invierno”. “A Óscar le encanta ver las caras que pongo y se mete antes para reírse de mí”. Juntos, dice, han convertido su casa “en el paraíso”. Y disfrutan de la chimenea, un buen libro y una buena película. “Ayer vimos La chica danesa. La historia real de la primera transexual. ¡Qué ejemplo de generosidad y de comprensión! Pero esto es el amor. Te enamoras de la persona, joder. Es igual que sea hombre o mujer”.



Ópera rock divina. Lubna, el personaje fiticio que da título al disco, “encarna la justicia divina”, aclara Naranjo. En el disco participan la orquesta y el orfeón de la Sinfónica de Elche, así como la cantaora Marina Heredia.











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