sábado, 6 de febrero de 2016

ENTREVISTA A MÓNICA NARANJO EN LAS PROVINCIAS: "NO SOY AGRESIVA NI UNA COMEHOMBRES"



Mónica Naranjo saca 'Lubna', la ópera rock en la que lleva siete años trabajando. «Por primera vez mi hijo se ha comprado un disco mío»

Texto cortesía/extraído de Las Provincias | Texto: Nuria Rozas | Foto: David Arnal

Dos horas antes de subirse al escenario, siempre se come un donut para que le dé energía y enjuaga su garganta con tomillo. Hasta que apenas faltan unos minutos, entonces se queda sola y se transforma en la diva. Sale convertida en Mónica Naranjo, la pantera de Figueras (Girona, 41 años), la que acaba de sacar el álbum de ópera rock 'Lubna' después de siete años preparándolo. La gira y los rituales habituales tendrán que esperar al año que viene, pero de momento ya se ha convertido en la número uno de la lista de los más vendidos, desbancando a la mismísima Adele y su 'Hello'. Aún así, jura que ella no se muere por el éxito: «Yo muero por mi familia».

En este disco se desnuda en todos los sentidos. ¿Enseñar el trasero ha sido simbólico?
No. El personaje emerge del mar desnuda. ¡Cómo la vamos vestir! Ponerme en tanga o bikini hubiera sido ridículo.

«Tener un hijo es una bendición, pero lo que me toca ahora es ser abuela»

Lleva siete años para parir este disco. ¿Contenta con la criatura?
Muy feliz. Hemos tardado tanto porque queríamos que naciese sanita y con todos los deditos. He llegado a padecer insomnio porque era la primera vez que me enfrentaba a una producción tan difícil, pero he dado a luz una niña preciosa.

¿Qué le ha dicho su otra criatura, su hijo Aitor, de 23 años?
¡Por primera vez mi hijo se ha comprado un disco mío! Así que fíjate, eso es que le gusta mucho.

En la canción 'Ese es mi público' habla de la obsesión enfermiza de sentirse querido por los fans. ¿Usted la ha padecido?
No, eso es mi personaje... ¡Pobrecita! Yo no muero por el éxito, ni muero por el trabajo... ¡Yo muero por mi familia! Que es por la que se tiene que morir uno.

Cuenta que a los 21 años se convirtió en «una yonqui laboral». ¿Cómo recuerda aquella etapa?
Era lo que me tocaba vivir. Era muy joven y tenía que dedicar toda la energía del mundo al trabajo. Estuve diez años de mi vida sin parar. No tenía casa, ni tenía nada, solo un trabajo. Hasta que me di cuenta de que si no ponía orden, los próximos años iban a ser iguales y eso me aterraba. Yo soñaba con tener un pilar en la vida y ese pilar no me lo iba a dar la música. Me lo iba a dar una familia. Entonces me armé de valor, cuando ya estaba muy enferma de la vida nómada, y me aparté de todo.

Llegó a pesar 45 kilos.
47 o 48, sí. No era muy sano eso...

¿Menos en la vida es más?
Mi trabajo me gusta, focalizar mis sentimientos y comunicarlos al mundo con música, pero lo que más me llena es llegar a mi casa y sentirme arropada por los míos.

¿A qué se dedicó esos años retirada de la música?
A vivir... (Se queda en silencio y se lo piensa) Recuperé el tiempo perdido para leer, ver películas, ver a mis amigos de siempre, que los tenía completamente abandonados. Tuve tiempo de ser madre y encontré a una pareja que me adora (el ex mosso d'esquadra Óscar Tarruella, con el que lleva desde 2003 y que aportó un hijo de su relación anterior, al que Mónica adoptó).

¿Hizo algún viaje?
No cogí ni un avión, estaba harta de viajar. A lo mucho cogí el coche para ir al pueblo de al lado. (Risas)

Ahora muchas mujeres son madres a los cuarenta y pico, como Anne Igartiburu, Raquel Sánchez-Silva... ¿Se animaría?
Mi hijo Aitor tiene 23 años. Lo que me espera ya es ser abuela. Yo siempre digo que tener un hijo es una bendición y si viene, viene... Pero mejor ya me espero. ¿Qué me pueden quedar ya? ¿Diez años para ser abuela? Ja, ja, ja. Lo que me tocará es malcriar al nieto.

¡No la veo de yaya!
¡Uy! Todo lo que pueda venir siendo joven, mejor. ¡Así tengo más energía para disfrutarlo!

¿Qué le queda de aquella Mónica hija de un albañil y de una asistenta del hogar?
¡Todo! He tenido ejemplos muy bonitos en mi vida y no me olvido de donde vengo. Me siento muy orgullosa. El personaje es el personaje y la persona es la persona. Mónica es la que hace de comer y friega los platos. ¡Y yo lo hago con placer!

En casa, moño y chándal

Es un poco marujilla, le gusta cocinar y está obsesionada con la limpieza. ¿Es de las que va con la bata y el moño puesto por casa?
¡En vez de una bata llevo un chándal! Ja, ja, ja... Pero el moño sí que lo llevo puesto.

¿La 'pantera de Figueres' se ha vuelto una gatita con los años?
No, lo que pasa es que con la televisión la gente me conoce más. Creé un personaje tan distante y altivo que el público se pensaba que yo era así. Imagínate... ¡Qué mujer más enferma hubiera sido!

¿Por qué creó ese personaje?
Para no volverme loca. Me di cuenta de que muchísimos compañeros se llevaban el personaje a casa y eso les creaba un gran desequilibrio. Por ejemplo, se iban a comer con la familia y se lo llevaban. Yo me voy a comer con mi familia y no me llevo a esa Mónica Naranjo, ni me arreglo. Eso es peligroso.

¿No se arrepiente entonces de haberse desdoblado?
No. Me ha ayudado mucho. De hecho, lo sigo haciendo.

¿Mantiene la esencia de aquella artista con el pelo bicolor?
La artista mantiene todo. La persona no tiene nada que ver: ni soy agresiva, ni soy una come hombres... Mi abuela dice siempre: 'Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces'... ja, ja, ja.

Puestos a inventar, creó a una tía sexy y ligona.
Claro, una chica atractiva para chicos y chicas ¡Y pa, pa, pa! Incluso me río cuando veo las actuaciones. Mi marido me dice siempre: '¡Quién te ha visto y quién te ve!'.

Cuenta que a su hijo, cuando era pequeño, «le daba miedo» así vestida. ¿Y a su marido?
No, a él le hace mucha gracia.

Tiene dos mujeres al precio de una.
¡Ya te digo! Después de tantos años no se aburre ni un minuto conmigo.




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